sábado, 15 de enero de 2011

Tira con tirita, y ojal con botón

El año pasado, hace aproximadamente cinco meses atrás, haciendo un poco de limpieza y revolviendo entre cosas viejas, encontré una valijita de cuando yo era chiquita, Estaba llena de casettes. Chiquititas, Caramelito y vos, Verebó, Bandana, y tantos otros. Sólo me quedé con uno: ‘Canciones para mirar’, de María Elena Walsh. Apenas lo encontré, lo puse en el minicomponente para escucharlo. A pesar de los años, su sonido no había cambiado mucho; y la tranquilidad que me daba, tampoco. Encontrar ese casette me llenó de alegría. Además, me acordaba todas las canciones a la perfección. 
  El casette lo sigo guardando, carga con un valor sentimental enorme para mí. Cuando yo era chica, mi papá trabajó en Brasil durante 3 años. Venía a Argentina a vernos cada 1 mes, y se quedaba 4 días, masomenos. Pero bueno, algo es algo. Por lo menos lo podía ver. Bueno, ahora al punto. Cada vez que lo íbamos a buscar al aeropuerto con el auto, yo le pedía a mi mamá que ponga ese casette, y en el asiento de atrás, mi hermano y yo nos íbamos quedando dormidos, mientras la voz de María Elena nos inundaba con su tranquilidad, y sus letras nos invitaban a un divertido mundo del revés, entre sueños. Así que debe ser por eso que lo guardé. En fin, creo que todo el mundo conserva alguna que otra cosa de la infancia. Algo que le trae lindos recuerdos, que le saca una sonrisa, y que le da alegría.
  El Lunes 10, María Elena se nos fue. Lo bueno, es que pudo vivir una vida larga y plena, que y que durante ella nos dejó un legado enoooooorme, por suerte. Personas de casi todas las generaciones existentes escucharon alguna de sus canciones, o leyeron alguno de sus tantos cuentos. Su recuerdo va a vivir en la mente de mucha gente, estoy segura. 
  María Elena, gracias por la genialidad, la diversión, y tantas otras cosas. Ojalá mucha gente te invite a tomar el té. 


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